Pasarás por mi vida sin saber que pasaste...Pasarás en silencio por mi amor y, al pasar, fingiré una sonrisa como un dulce contraste del dolor de quererte...
y jamás lo sabrás...
Soñaré con el nácar virginal de tu frente, soñaré con tus ojos de esmeraldas de mar, soñaré con tus labios desesperadamente, soñaré con tus besos...
y jamás lo sabrás...
Quizás pases con otro que te diga al oído esas frases que nadie como yo te dirá; y, ahogando para siempre mi amor inadvertido, te amaré más que nunca...
y jamás lo sabrás...
Yo te amaré en silencio... como algo inaccesible, como un sueño que nunca lograré realizar; y el lejano perfume de mi amor imposible rozará tus cabellos... y jamás lo sabrás...
Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,—el tormento infinito que te debo ocultar—,te diré sonriente: «No es nada... ha sido el viento»...
Me enjugaré una lágrima...
¡ y jamás lo sabrás..!
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jueves, 6 de agosto de 2009
El Regreso
Vengo del fondo oscuro de una noche implacable y contemplo los astros con un gesto de asombro.
Al llegar a tu puerta me confieso culpable y una paloma blanca se me posa en el hombro...
Mi corazón humilde se detiene en tu puerta con la mano extendida como un viejo mendigo; y tu perro me ladra de alegría en la huerta, porque, a pesar de todo, sigue siendo mi amigo...
Al fin creció el rosal aquel que no crecía y ahora ofrece sus rosas tras la verja de hierro: Yo también he cambiado mucho desde aquel día, pues no tienen estrellas las noches del destierro...
Quizás tu alma está abierta tras la puerta cerrada; pero al abrir tu puerta, como se abre a un mendigo, mírame dulcemente, sin preguntarme nada, y sabrás que no he vuelto... ¡ porque estaba contigo...!
Al llegar a tu puerta me confieso culpable y una paloma blanca se me posa en el hombro...
Mi corazón humilde se detiene en tu puerta con la mano extendida como un viejo mendigo; y tu perro me ladra de alegría en la huerta, porque, a pesar de todo, sigue siendo mi amigo...
Al fin creció el rosal aquel que no crecía y ahora ofrece sus rosas tras la verja de hierro: Yo también he cambiado mucho desde aquel día, pues no tienen estrellas las noches del destierro...
Quizás tu alma está abierta tras la puerta cerrada; pero al abrir tu puerta, como se abre a un mendigo, mírame dulcemente, sin preguntarme nada, y sabrás que no he vuelto... ¡ porque estaba contigo...!
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